176765b648ea6011b008336732b11e62--elena-kalis-photography-ideas

Soñé que descendía al fondo del mar y que atravesaba esa delgada línea entre lo superficial y lo profundo.  Y que mientras me alejaba de la superficie, sentía que todo  lo que me  parecía importante, dejaba de serlo  y lo que  estaba por encima de mi SER,  iba perdiendo sentido  y poder sobre mí.

Y me encontré  con otro  mundo bajo el mar,  fuera del espacio y del tiempo. Un mundo sin  religión, bandera, lucha, guerra, clase… un mundo profundo,  alejado de todos los horrores que invaden  la tierra. Un mundo en el que  me reconocía  libre y sentía  la libertad de los que me acompañaban en ese bello paseo submarino.

En este  planeta no era necesario pertenecer a un hemisferio u otro, ni hablar la misma lengua, ni tener la misma religión, política… para comprendernos, sentirnos y escucharnos. No había interferencias en la comunicación y el lenguaje era universal.

No era necesario  identificarse ante los demás, ni  decir a dónde vas, o de dónde vienes, o cuál es tu nombre o apellido…ya que la sensación de bienestar o seguridad no iban por ahí. En ese viaje al  fondo del océano no habían pasajeros privilegiados y todos  sentían la alegría de vivir.   No había  un yo, nosotros o vosotros…ya que nos sentíamos parte de un mismo mundo sin fronteras.

Sentíamos que todos estábamos  relacionados sin necesidad de construir o crear ninguna conexión, tan solo la de ser o estar compartiendo aquel  maravilloso fondo azul; era una revolución azul, que comenzaba en mí y se proyectaba en la relación con los demás.

Y no lo había  soñado… lo llevo  sintiendo  en cada uno de mis descensos al fondo marino y lo sigo sintiendo en cada inmersión.  La melancolía me invade en cada despedida  y la esperanza de un mundo mejor me consuela mientras comienzo mi ascenso a la  superficie.

Anita