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Me cuesta quedarme quieta sobre la toalla cuando voy a la playa, a veces hasta se me olvida y me tumbo directamente en la arena; camino, escucho el susurro del mar, miro  hacia el infinito y sueño, desconecto y  lo que más me apasiona es escarbar en la arena en busca de tesoros oceánicos. Recolecto conchitas de todos los colores y tamaños, y las pongo sobre la arena para después contemplarlas. Todas son hermosas y diferentes, algunas completas  y otras rotas por el desgaste, pero todas bellas.

Entre medio de esa maravilla oceánica, mi búsqueda de tesoros se ve  interrumpida (cada vez más)  cuando comienzan a aparecer: tapones, trozos de plásticos de todos los colores, colillas de cigarro…uffff y pienso: joder  ¿quién será el cerdo/a? ¿Por qué? pasando de una sensación de paz a una rabia por la impotencia,  y la búsqueda de tesoros se convierte en una recolección de mierda, sorry.

Y digo; muchas son las opciones antes de tirar; caminar un poquito a la papelera más cercana, meterlo en bolsillo o bolso y luego tirarlo en casa…no hay que pagar por esto, solo moverse un poquito.

Pongo esta imagen limpia y bella para recordarnos el tesoro que nos rodea, para que no lo olvidemos, para que pensemos lo que era, es y será. Una imagen de esperanza y deseo de que algún día lo  logremos entre todos.

La pachamama, la madre la naturaleza, nuestros océanos nos lo agradecerán.

Anita