«Inhala y exhala…de manera lenta y profunda»; les digo a mis alumnos antes de sumergirnos bajo el agua.

Es curioso que un acto tan mecánico en la superficie, se convierta en todo un descubrimiento y cause tanto desconcierto bajo el océano. Una acción que realizamos de manera inconsciente y en piloto automático, deja de serlo una vez nos sumergimos.  De repente sentimos que  nuestra vida depende de cada bocanada de aire que entra y sale de nuestro cuerpo. El océano nos recuerda su sonido y el ritmo de la vida se hace presente en cada inhalación y exhalación llena de burbujas.

Somos conscientes en ese mismo instante de lo importante que es respirar, y de respirar bien para nuestra vida.

Nuestra vida agitada, llena de ruido, estrés…no es compatible con escucharla, convirtiéndose  a veces en la perfecta desconocida,  incluso para uno mismo .

Bajo el océano, la respiración perdida vuelve a ser la protagonista, y en su encuentro muchos son los que se perturban ante el bello milagro de sentirla y escucharla.

Recordarla durante unos minutos cada día y respirar profundamente de manera consciente, es cuidarnos, es escucharnos  y  es sentirnos sin miedo.

RESPIRA…LENTA…Y PROFUNDAMENTE hasta llegar al fondo.

Anita