Como nos preparamos y  como es nuestra actitud en la superficie nos  predispone para vivir el camino.

El  entusiasmo y la curiosidad del niño  por lo desconocido,  genera la libertad completa para sentir la experiencia  sin juzgar. Atravesar  ese umbral entre la superficie a lo más profundo, es conectar con tu ser más inconsciente.

Abandonar la superficie, es alejarse de  ese aparente control que necesitamos  para sentirnos seguros, es comenzar a  sentir  en libertad:  miedo, alegría, ansiedad, enfado, calma, soledad… a sentir sin resistencia. El agua me muestra el  camino y me enseña a fluir soltando.

Llegar al fondo  es atravesar  todas las incertidumbres que me  provoca  el descenso a lo más profundo, identificándolas y aceptándolas sin juzgarlas.  Y al final del camino, un  maravilloso reencuentro me espera bajo el agua  y una sensación de calma con el todo me invaden, dibujándose en mi cara una sonrisa llena de paz.

Y en el fondo del agua cultivo la calma, el tiempo se detiene  y cada una de  mis células siente el mensaje. La sensación de calma y la sonrisa  me acompañan durante el  ascenso a la superficie.

En el momento que que te sumerges y comienzas el descenso, te das cuenta que nada te limita y el único que te limitabas eras tú.

El agua es símbolo de ese inconsciente,  que   de manera natural  crea un nuevo estado de conciencia.

Anita