Bajo el agua, mi vida se ralentiza al ritmo de un universo diferente al de fuera. Un universo atemporal, donde siento cada latido y respiración como un oleaje interior con sabor a sal.

En la más absoluta libertad encuentro mi playa interior. Un territorio virgen al que solo yo tengo acceso, y  al que llega cada respiración como una ola en la costa. El ritmo de mi respiración marca mi oleaje interior, que golpea o acaricia mi playa según la intensidad con la que vivo el momento. En cada respiración siento como la ola me invade y acaricia mi alma.

Sentir mi playa interior es formar parte del inmenso y desconocido  océano que hay en mí, en la meditación más íntima.

Gracias mi GRAN AZUL QUERIDO!!!

Anita