Mediante la técnica de visualización, quiero compartir y  transportaros al fondo del mar,  por medio de la imaginación positiva, desde cualquier rincón en el que os encontréis. Espero de todo corazón, poder conseguirlo…

Es un día hermoso: en una la playa paradisíaca, llena de palmeras gigantes rodeada de arena blanca,  el mar está en paz, tranquilo; y en medio de la calma me visualizo flotando sobre el agua,  lejos de todo, en un silencio infinito, en ocasiones interrumpido por los gritos  de las gaviotas y el bello sonido del agua salpicándome. El sol brilla intensamente, descubriéndome de manera muy sinuosa el enigmático  fondo bajo mis pies. Un fondo que me llama y espera ansioso a compartir sus extraordinarios secretos. La brisa del mar acaricia mi cara, el olor a mar me invade, siento como el agua inunda cada célula de mi cuerpo y como cada célula reconoce de manera instintiva el líquido que me rodea.  Contemplo a mi alrededor la inmensidad del océano, del que me siento parte.  No sé que día es, ni que hora, ni que tengo que hacer…el ahora me invade y el mágico mundo del olvido me atrapa.

Siento  que el descenso está cerca, que estoy a punto de comenzar mi viaje al fondo, de sumergirme en mí; en ese mundo del inconsciente, donde reposa la memoria oculta del origen de la creación. Comienzo el descenso  sintiendo  la emoción en cada respiración y la curiosidad de una niña.  El agua empieza a ascender sobre mi rostro; primero la barbilla, la boca, los ojos, la frente y finalmente la cabeza…abandono la superficie eliminando todos los obstáculos que me impiden llegar a mí. Ya no hay palabras…

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Junto a la sensación de incertidumbre, un silencio absoluto me acompaña durante mi descenso al fondo, tan solo mi respiración me recuerda mi existencia vital . Experimento la sensación de ingravidez, mi cuerpo deja de pesar y me siento más ligera que nunca. Mis movimientos son lentos y a veces torpes, como los de un niño que comienza a caminar. Mis emociones  fluyen espontáneamente, liberando y limpiando. Todo es nuevo, todo cambia…

El descenso es un  momento decisivo,  es el paso del mundo exterior al mundo interior,  a un mundo donde todos los estímulos que nos rodean son diferentes a los que nuestro piloto automático está habituado.

 Llego al fondo y me poso de rodillas sobre la arena. miro hacia arriba, una gran cortina de agua me separa del mundo conocido, sin embargo; me encuentro más cerca de mí que nunca. Un abrazo maternal con el mar me recuerda aquella paz y protección olvidada, descubriéndose ante mí el origen bello de la creación.

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De nuevo miro hacia arriba, pero ahora con una nueva dimensión de conciencia que me acompañará hasta la salida. Antes de abandonar el fondo, escribiré sobre la arena aquella emoción negativa que quiero dejar, que se vaya, que me abandone, que fluya y no me obstruya más.  Comienzo el ascenso  muy lentamente, deseando que esa sensación paz no me abandone.  Los rayos de luz  me muestran el camino al exterior. Una vez en la superficie siento renacer con la primera respiración.

El agua, es vínculo o eslabón perdido, nos conecta sin tensión y de manera espontánea  con nuestro  interior… Combina todas las técnicas (meditación, relajación, respiración, y visualización) y  nos ponen en un nivel adecuado, que ayuda la liberar toda la  energía bloqueada, y a regular los ritmos fisiológicos. Si queremos cambiar las cosas, si deseamos dar un giro en redondo y sanarnos, debemos hallar un lugar que nos ponga a salvo del ruido de la mente y de todas las contingencias emocionales y corporales. Ese lugar existe y  continua  aún por descubrir y explorar terapéuticamente.

No hay pasado ni futuro…es ahora!!!

Anita