Nos dio la vida y nos entregó un paraíso llenito de  amor. Abrió sus enormes brazos y en silencio nos dejo marchar  en libertad, pensando que la respetaríamos y amaríamos para siempre. Y así fue en un  principio, hasta que llegó el supuesto» desarrollo» y   la creencia  de que la naturaleza está al servicio de la humanidad.

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Como una madre, nos observa en silencio;   tratando  de entendernos,  perdonando, olvidando , sufriendo, llorando…y   esperando ese  día en el que  todos seamos conscientes de su dolor y agotamiento. Esperando ese  respiro en el que pueda descansar y recuperarse, sin tener que llegar a darnos una lección de humildad.

Y  sin palabras,  la mar  nos envía  mensajes constantes de su tristeza infinita. En cada pulso, en cada respiración, en cada  ola que  llega a la orilla; el mar llora y escupe  plástico, de todos los colores y tamaños. Playas donde el plástico es más visible que arena…ufffff!!! No podemos engañar a la vida!!! No podemos ser ajenos y dar la espalda  a sus lágrimas y su dolor….

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No se trata de inventar nada, ni de invertir dinero, ni de descubrir una  pócima milagrosa…simplemente se trata de pararnos un momento para  sentir y escuchar el milagro de la vida al que pertenecemos: el sonido de la lluvia, la música de las olas, el viento, el olor a tierra mojada…recuperar  aquella visión de gratitud  por la vida y conexión por lo que nos rodea. Abandonar  ese acercamiento invasor y depredador hacia La  Madre Naturaleza.

Madre no hay más que una…

SOMOS TODOS!!! ONE LOVE!!!

Anita