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Es el comienzo de una larga historia;  que tiene como protagonista a una linda mensajera que viene de las entrañas del  océano, para que la recordemos y la sintamos de nuevo, en un mundo  que dejó de sentirla hace muchooooo tiempo.

 

EL ORIGEN DE LA VIDA

Así comenzó todo…

Hace 4400 millones de años que surgió la vida en forma de una pequeña gotita de agua, en lo más profundo del océano. Gestada en el interior de una bella fumarola marina, fue expulsada al mar en medio de una  nube de vapores y gases. La vida venía con nombre propio; La Niña Azul.

 

Viajó por las profundidades marinas, en forma de gota de agua  y estuvo a la deriva durante mucho tiempo. Pero un día de mucha tormenta; el mar estaba bravo, muy bravo y las olas  eran gigantes, rompían en la costa con mucha fuerza. Sin saber muy bien como y medio aturdida por el viaje revuelto; La Niña Azul llegó a la orilla  de una hermosa playa de arena blanca y montones de palmeras. Había llegado montada sobre una gran ola, en el interior de una de las tantas burbujas que junto con la espuma, la ola arrastraba en su camino. La ola chocó con mucha fuerza  sobre la arena y en su regreso al mar,  fue dejando una estela de espuma blanca. La niña azul había llegado a tierra firme sin saberlo y el milagro de la creación había comenzado.

La burbuja estalló al rozar la arena  y  la vida se liberó, la  niña azul salió con una gran sonrisa y un fuerte GLUP!! Por primera vez, abría  sus enormes ojos azules fuera del agua y respiraba fuera del mar, fuera del gran vientre azul que la había gestado durante mucho tiempo.

Estiró sus largos brazos azules, al  mismo tiempo que estiraba sus largas piernas azules. Su pelo alborotado y amarillo como el sol, rodeaba su linda cabecita azul, irradiando una luz intensa, llena de felicidad. Sintió la brisa marina en su rostro azul y le dio frío. Su cuerpecito era frágil, estaba llenito de agua, de vida  y se movía con la ligereza de una pluma…

Después del tremendo revolcón que le dio la ola, Azul quedó literalmente plantada como una lechuga, sobre la arena.  Sin pestañear, desorientada  y con la boca abierta; miraba de un lado a otro con exquisita  inocencia e infinita curiosidad. Todo lo que sentía y veía a su alrededor era nuevo para ella, por lo que imaginaros la explosión de emociones que la invadían. Tan solo la sensación de picor en sus piernas, por el  contacto con la arena, la despertó de su estado de fascinación y alucinamiento. Justo en ese momento La Niña Azul desvió su atención a ella misma, dándose  cuenta de su cuerpo, que poco a poco fue descubriendo: se tocó las piernas, la cara, los brazos y jugó con su largo cabello.

De repente otra ola gigante alcanzó  la orilla y nuevamente la revolcó. Entre risas y jugueteando con el agua, logró ponerse en pie. Por  primera vez  caminaba fuera del agua y su equilibrio todavía no era muy bueno. Siempre había flotado y las corrientes marinas la habían trasladado de un sitio a otro. Ahora tenía que ser ella misma, la que tomara decisiones.

En su intento por caminar cayó varias veces, pero siempre y con una hermosa sonrisa, volvía a levantarse e intentarlo. Comenzó a darse cuenta; que todo lo que quería hacer dependía de ella y que era un ser individual, dentro de aquel todo que le rodeaba. Amaba a ese todo, y sentía que era parte  importante.

Ella no lo sabía pero era el primer elemento, el eslabón perdido, la mensajera de la madre naturaleza, la primera forma individual y primitiva de cuanto formamos parte. A partir de ella comenzaría la vida en un planeta aparentemente solitario.

Después de varios intentos consiguió ponerse en pie; pero la aventura  no había hecho más que empezar. Una vez levantada tuvo que luchar contra el viento, que quería tumbarla y con la difícil tarea de comenzar a caminar. Por inercia trató de dar un paso, intuyendo que así se movería, pero sus piececitos se hundieron en la arena mojada y volvió a caer.

La niña azul pensaba: -Joooo que difícil esto de estar fuera del mar , en el agua todo era mucho más fácil…mi mamá me lo hacía todo.

Azul se puso triste, extrañaba a su mamá…

Su mamá era el mar, el océano que la había gestado y dado la vida; y que desde la distancia la contemplaba y la  sentía con todo su amor.

De repente observó que sus manos ya no eran azules, habían cambiado de color… -¿qué estaba pasando? Se preguntaba.  Se estaba secando y sus manos eran el comienzo. Desde la orilla La Niña Azul miró al mar, como un niño que busca el consuelo en la mirada de una madre; la vista era hermosa, y su mamá le habló sin palabras susurrándole en cada ola  al oído, su gran secreto:

EL MAR- Mi vida, mi niña…es la tristeza que te provoca nuestra separación; te estás secando y por eso cambias de color.  Es normal, no dejes que te invada la emoción. Eres el origen de la vida en la tierra y la vida te necesita, te está esperando. Siempre estaré a tu lado y siempre estaremos conectadas.  Si la tristeza es muy  grande y ves que tu vida se seca; vuelve al mar, vuelve a casa, mamá te estará esperando siempre. Ahora disfruta del camino en el mundo exterior…

Una brisa marina  acarició suavemente su rostro, era un beso lleno de amor y consuelo, que venía desde lo más profundo del océano.

Su mamá la tranquilizó poniendo nombre a todas aquellas nuevas emociones,  que estaba experimentando. La sonrisa pícara volvió a su cara y sus manos regresaron a su color original. La alegría y  las ganas de descubrir aquel bello planeta la inundaban de nuevo.

La euforia de querer investigar, la levantó de un salto y la inercia la impulsó en sus primeros pasos hacia una gran palmera. Llegó a la palmera y miró hacia atrás, lo había conseguido, se había movido ella solita; era magia.

Hacía mucho calor, y al aproximarme a la palmera iba sudando. Al pasar bajo la palmera hacía tanto fresquito que se quedó  allí un rato, sin saber porqué. Se sintió inmensamente feliz, por un instante, la palmera le transmitía algo que no podía explicar.

Miró  hacia arriba, hasta donde las ramas parecían tocar el cielo; se inclinó tanto, que terminó cayendo hacia atrás .

AZUL- Ja, ja, ja…otra vez al suelo.

Pensó que era un ser de su misma especie, y trató de imitarla. Se plantó a su lado, muy derecha y con sus manos encrespó su pelo hacia arriba. Permaneció quieta y estirada por unos segundos, en seguida sintió que le picaba todo, que se cansaba y que se aburría.

AZUL-¿Cómo puedes estar quieta tanto tiempo amiga palmera?

Trató de trepar por el tronco de la palmera en varias ocasiones, para tocar el cielo azul,  pero el contacto de su piel con la textura rugosa del tronco le hacía daño.

Después de estar un rato abrazada a la palmera, se fue a la orilla de nuevo, y caminó sobre la arena jugueteando con las olas que la alcanzaban. Se metió al mar y comprobó, que también podía caminar  sobre el agua.

Ya era tarde y la luz cada vez era más tenue,   Azul sentía frío. Buscó refugio entre unas hojas, bajo su amiga la  palmera .  Se quedó profundamente dormida mientras su mamá le cantaba la canción de las olas.

MAMÁ-Triste y sola se queda

la ola que llega a la orilla y abandona el mar.

Feliz y contenta cuando regresa a la mar.

Escúchala  y acompáñala en su caminar,

de vuelta al mar…

 

Y la mar… triste se quedó, pensando que su niña muy solita estaba y que compañía necesitaba.

 

ANITA

 

 

 CUADRO: La Niña Azul

PINTORA:  Lonica Hennebury

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