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Somos hijos del mar, del agua, de los océanos…y basta con observar los movimientos de los bebés en sus primeros meses de vida, son más propios del medio acuático que terrestre. Es algo instintivo; son reflejos cercanos al período de gestación, cuando el recién nacido se encontraba sumergido en el líquido amniótico. Reflejos como: la apnea, gateo, visual, natatorio, oclusión de la glotis… recuerdos cercanos a nuestro origen marino.

La estimulación acuática en los primeros meses de vida  favorece y facilita: la relajación, el desarrollo motor, cognitivo, gestión del miedo,  la comunicación,  refuerza la autoestima, la independencia, tonifica, oxigena las células…y si a todo esto le sumamos la participación de los padres, el vínculo del amor  y la confianza entre ambos se reforzará. Proporcionando un momento de diálogo íntimo, sin palabras; donde el agua será el  único  intérprete y testigo de todas las emociones compartidas.

Y como hijos del mar; CUIDÉMOSLO con el mismo amor con que nos dio y confió la vida.

 

Anita