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Llega el verano al hemisferio norte, y el agua nos reclama toda la atención. Aprovecha el momento y dedícate unos minutos…

En uno de esos raptos marinos, donde el mar te llama y te dice: «entra en mí», corre a mojarte, a bailar, saltar,  caminar, zambullirte y respirar océano. Vive ese arrebato de pasión espontáneo sin que ningún pensamiento tipo: «ufff los de fuera pensarán que estoy loca/o», «en cualquier momento viene el tiburón», o cualquier pensamiento que nos desvíe de ser.

Antes de salir y en la calma que viene después de la tormenta pasional, ponte a flotar durante unos minutos.  Boca arriba,  abre tus brazos y piernas, levanta la pelvis y mantén la cabeza recta, mirando al cielo. Al principio la pelvis  tiende a hundirse, es algo que sentirás, por lo que puedes colocar el famoso churro de goma espuma por debajo de la lumbares.  Un vez sientas que tu cuerpo conecta  con la flotabilidad (ingravidez, ligereza, alivio, silencio, lejanía, desbloqueo….), entonces y de manera espontánea, las emociones que andaban a la deriva conectarán y seguirán al  cuerpo a través del agua. Sin tensiones, sin esfuerzos…toma aire por la nariz y exhala por la boca, escucha y siente cada respiración. Conecta esa respiración con  el momento, y  llegarás a tu playa interior,  a esa que te estaba esperando.

Disfruta de esa playa interior y deja que ese momento te acompañe en cualquier situación de bloqueo.

 

Anita

Foto: Playa de La Restinga (El Hierro)