Dedicado a Andrea y a todas las Andreas del universo.

Los colegios organizaron unas jornadas de actividades en el agua, y una de estas era  experimentar la sensación de respirar bajo el agua.

El día llegó; y en el agua me encontraba esperando junto a otros compañeros instructores, que también iban a realizar la actividad o el sueño de muchos ellos.  A lo lejos vimos llegar el bus cargado de niños/as sonrientes. Las risas y gritos se escuchaban en al distancia y nos iban contagiando de alegría mientras se iban acercando.

Llegaron a la playa y antes de que nos diéramos cuenta, ya estaban con el bañador puesto. Sus ojos no parpadeaban y lo único que deseaban era correr al agua.

La conexión del agua con los niños/as y viceversa, es un vínculo especial que se remonta al período de gestación, y que tan cercano tienen.

Una vez puesto el bañador, los niños/as se sentían más cerca del agua, con lo que su ansiedad iba en aumento. antes de entrar al agua, los niños/as se sentaron y recibieron una explicación sobre lo que íbamos  a hacer. Una vez terminada, los niños/as corrieron hacia el agua a probar la gran experiencia. La felicidad y la capacidad de sorpresa de cada niño/a son momentos de Energía Vital que nunca se olvidan.

En medio del tumulto de risas y gritos, una niña permanecía sentada en la escalera, junto a su maestra. Permanecía impasible junto a su maestra y mirando sin mirar a ninguna parte. Llamaba la atención, me acerqué a la maestra  y le pregunté; si ella quería probar, y la maestra me dijo que no lo sabía y que yo misma me acercara a preguntarle, que se llamaba Andrea y era autista.

Me acerqué a ella y le pregunté si quería venir al agua conmigo, pero no me miró. De nuevo me acerqué y casi susurrándole al oído, le dije: «Andrea tengo un secreto, ¿quieres que te lo enseñe?»…Se volvió hacia mí y me miró, sin hablar me tendió su mano. Caminamos de la mano hasta llegar al agua, en el momento que sintió el agua en sus pies paró, me miró fijamente y sonrió, ya estábamos conectadas.

El agua comenzó a cubrirnos y Andrea miraba para todos los lados. Con el agua a la altura del pecho, nos paramos, y le dije que ya estábamos muy cerca del Secreto, le puse una máscara y le pedí que metiera sólo la cara, lo hicimos juntas con las manos cogidas. Cuando volvimos a sacar la cabeza del agua, Andrea de manera impulsiva quería volver a meterla rápidamente, el secreto la había atrapado. Le comenté que el secreto todavía no estaba completo, entonces le coloqué el regulador en su boca (por donde respiraría bajo el agua) y sin decirle nada volvió a meter la cabeza en el agua de manera instintiva. Las dos nos encontramos;  y  las dos compartimos un mismo mundo, donde no hacía falta hablar y sin hablar, la sentí todo el tiempo. Su mirada era de tranquilidad absoluta y me pedía que no saliéramos de aquel lugar.

Cuando sacamos la cabeza del agua le pregunté: «¿te gusta mi secreto?», y Andrea que hasta ese momento no me había mencionado ni una palabra, me dijo: «Somos sirenas,» me emocionó tanto…ella también me había sentido  formando parte por un instante de su mundo secreto. Andrea realmente me mostró el secreto. Compartimos un momento mágico que nunca olvidaré. GRACIAS.

El agua es un elemento motivador que favorece la integración sensorial de los estímulos y disminuye tensiones, provocando la relajación y mejorando la conexión con el mundo exterior.

El agua fue mediadora y único testigo.

ANITA

Foto:David Hebble