Sentir que somos parte de un todo, en un mundo cada vez más  individualista, es muy complicado. Recordar ese momento mágico y olvidado, en el que fuimos parte del milagro de la creación, se hace imposible e incompatible en nuestro atareado  proceso de construcción del» yo». Un «yo» que se aleja del todo y se fabrica para justificar una identidad.

Ese punto «O» comienza con el milagro del SER; un período en el que no existe la percepción del  «yo» , pero sí el de la unidad con todo; es un ser alejado de nuestro tiempo, con una compasión infinita y un amor incondicional por todo lo que le rodea. Vive rodeado de agua durante su desarrollo y cuando llega el momento final, en el que tiene que abandonar ese bello paraíso y salir al exterior;  el ser comienza a sentirse separado de ese todo-unidad al que había pertenecido y  a ser consciente de  que es un individuo. Esa separación con el todo es muy dolorosa.

Aunque no  recordemos este momento doloroso de la creación, será un sentimiento anhelado de por vida;  que manifestaremos en la no adaptación a la vida exterior constantemente…

En ese, mi retiro bajo el agua, siento la  esencia  de aquel paraíso perdido, me siento parte de un todo lleno de amor y compasión infinitas.

Anita

Foto de Cristina Camacho

Gracias Cris por compartir tu alma conmigo…