A pesar de ser un elemento con el que convivimos de manera cotidiana es todavía un gran misterio…

Como dijo Costeau: «la vida no es sino agua organizada» y nosotros mismos sin agua quedaríamos reducidos a sales minerales. Nuestro cuerpo es un sistema acuoso, compuesto de un 80% de agua, y esto no es casualidad. De ahí, nuestra mágica conexión con este elemento, y todo lo que tiene que ver con él: nuestro pasado, la creación y el secreto de la VIDA misma en el UNIVERSO.

Nuestro planeta, que visto desde el espacio es azul, está compuesto de agua en un porcentaje similar al del ser humano.

Nosotros mismos,  vivimos sumergidos en agua durante el período de gestación; un pequeño universo (microcosmo) con vida, rodeado de agua salada y cálida. Donde ya somos capaces de sentir sin saber. El líquido que nos rodea en ese momento nos conecta con la madre y sus sentimientos.

Es el lenguaje de la creación y su idioma es el agua, mediador entre la materia y el alma.

De ahí, la misteriosa atracción que todos sentimos por ese elemento. Todos sentimos su llamada; pasear por la playa, mirar al mar, escucharlo, sumergirnos  en sus entrañas, olerlo, sentir las olas…

El agua nos habla y nos evoca en silencio emociones. Es una lengua antigua, es un idioma anterior a las palabras, es el lenguaje de la creación.

Anita

Foto de Elena Kalis