EL BAJÓN

Vas saliendo de la Restinga (El Hierro ) en dirección a El Bajón y no puedes remediar que un torbellino de  emociones comiencen a aflorar desde el interior.  La energía que se concentra en esa roca hundida en medio del océano, comienza a atraparnos y raptarnos emocionalmente, desde el comienzo de nuestro viaje. La travesía es corta, pero suficiente para que todos los sentidos se despierten y  disfruten del azul impresionante del océano. No estamos lejos de la costa pero nos sentimos lejos de todo y de todos, y más cerca de ti que nunca.

Llegando al  Bajón, miramos hacia tierra y contemplamos la bella imagen del pueblo de La Restinga, que entre volcanes nos contempla y mira a su océano con respeto y amor. Una imagen sacada de un cuento que se queda grabada en la retina para siempre. Desde el barco miras al agua, sintiendo con más fuerza la misteriosa atracción y con la sensación de encontrarte a las puertas de un mundo al que muy pocos privilegiados tienen acceso, atravesarla  es parte de una experiencia mágica.

Saltas al azul con los nervios y la inocencia de un niño; te sientes pequeño  en medio de la inmensidad, pero la energía ya te inundó sin todavía ver nada. La impaciencia y la curiosidad hacen que metas la cabeza en el agua y contemples desde la superficie un gran abismo bajo tus pies, que ya comienza a ponerte a prueba desde la superficie. La visibilidad es infinita y los rayos de luz  que atraviesan  el azul nos descubren El Bajón como el más bello de los santuarios submarinos.

Y es en la superficie y con el abismo del Bajón esperándonos bajo nuestros pies cuando comenzamos a cuestionar muchos de los límites que condicionan nuestra vida y que  no nos dejan  avanzar en nuestro viaje. Es el momento en el que  el niño/a comienza a despertar el instinto perdido y comenzamos a sentir los efectos de la magia del Bajón.

Te sumerges con la ansiedad de llegar al fondo, pensando al mismo tiempo ¿dónde vas? ya que algunos momentos son complicados, como la vida misma, pero sigues descendiendo, metro a metro y cada metro que desciendes te sientes más libre. Llegar al fondo es sentir la libertad plena . Miras hacia arriba, contemplando con gratitud  poder estar y formar parte de aquel paisaje sin igual, te sientes privilegiado y honrado.

El esfuerzo del descenso se ve recompensado con la llegada al fondo, pasamos de un estado de agitación a una paz instantánea, comenzamos  a sentirnos parte de un cuento y de una aventura transformadora, que recién comienza.Un bello balcón natural nos espera; un balcón desde el que contemplamos la vida pasar y en el que quedamos atrapados.

Atravesamos el balcón sintiendo la sensación de saltar a un vacío lleno de incertidumbres dulces. Comenzamos el paseo pegados a la pared  y con el abismo bajo nuestro ser. Miramos hacia el fondo y nuestra visión se pierde sin divisar el final, miramos hacia el azul y la vista se pierde en un infinito mágico a la que nuestra visión no tiene acceso, pero nuestra imaginación sí. Volamos, fluimos, somos…

Durante todo el paseo sientes acumular una energía que viene directamente de las entrañas de la tierra, sientes su peso y su poder en cada aleteo.Terminando el paseo, comienzas a sentir con más fuerza la energía, estamos llegando al foco, al altar, al origen del que emana la vida y que sin verlo sentimos. Sintiendo pero sin esperarlo, se hace presente ante nuestros ojos un paisaje nunca visto y del que todos hablan. Sabes que es ahí sin haber estado antes, lo sientes y te diriges allí,  hacia el  CRÁTER dirigidos por un instinto natural y una inercia magnética.

Sobre el cráter siento la regeneración, el fluir de una energía nueva y limpia que es expulsada a borbotones. Una erupción constante de vida, que me contagia y que se esparce a todo el océano. Permanezco allí, flotando sobre el cráter y dando las gracias a la madre tierra por seguir velando por todos los que la habitamos.

Con una sensación de limpieza interior, transformación  y con la gratitud de ser testigo del milagro de vida, comienzo mi ascenso hacia la superficie. Nada más salir a la superficie, no puedes evitarlo y gritassssssss…necesitas compartir aquel bello secreto con el mundo y esparcir toda la energía acumulada durante tu caminata bajo El Bajón.

Por muchas veces que te aletee, por muchas veces que me sumerja en ti mi querido BAJÓN, siempre es como la primera vez. Dedicado a ti mi eterno Bajón.

LOVE & El BAJÓN

Anita

 

FOTO: F.José Van Baumberghe