Sumergirse en el agua;  es acceder  a la posibilidad de RENACER.

Es adentrarse en un proceso de meditación con nosotros mismos; de manera espontánea y sin esfuerzo. El agua nos recibe  y nos hace partícipes desde el instante que nos sumergimos  y sentimos la respiración de manera consciente . Sentir el agua alrededor de nuestro cuerpo  y flotar en medio del azul infinito, nos traslada a nuestro mundo más profundo.

El agua nos despierta y hace posible ese maravilloso reencuentro con nuestro ser.  La atención se centra en nuestros sentidos;  en lo que estamos sintiendo en cada instante.  Nuestra visión interna se limpia y percibimos el milagro de la vida.

Meditar bajo el agua desarrolla la capacidad de mirarnos  hacia dentro,  de escuchar nuestro cuerpo y  su voz más íntima en medio del  silencio más absoluto. Es el arte de fluir y de sumergirnos en nuestro océano  interior;  pasando de la superficie, donde nos despojamos del peso de lo rutinario, hasta alcanzar lo más profundo de nuestro ser.  La vuelta a la superficie, es un renacer, una liberación, donde descubrimos la esencia pura e ilimitada.

El agua nos ofrece  la calma, el silencio, la soledad  y  la claridad; un entorno , donde  el ego se disuelve,  librándonos de él, y de sus pensamientos más nocivos que tanto nos condicionan. Un despertar de la conciencia más elevada, donde encontramos respuestas sin palabras.

Es un olvido instantáneo y una fuerza vital, que nos hacen vivir el ahora, guiados por la magia del agua y su energía.

Anita

Fotos: Elena Kalis

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